"Somos familia, busquemos a los hermanos"  
     
 
 

Hola, mi nombre es Carlos García Robles y en esta ocasión comenzaré narrando brevemente el relato del regalo más  grande que el Señor me ha dado: el Don de la Vocación.

Nací en la ciudad de Recuay, un 27 de octubre de 1988, soy el último de cuatro hermanos y por eso tuve por parte de mi madre y mi abuela especial trato y sobreprotección. Desde pequeño el Señor me llamó para ser su testigo, pertenecí al grupo de los acólitos desde los 7 años y creo que fue allí donde pude escuchar la voz del Señor Jesús.

Desde los 7 hasta los 16 años pasé una serie de pruebas y tropiezos que me alejaron de la iglesia; así, después de terminado los estudios del colegio opté por rechazar la propuesta de mi párroco de ir al seminario, y decidí irme a Lima. Después de estar casi todas las vacaciones en Lima retorné a Recuay  y comencé a estudiar en el instituto de mi tierra durante un año.

Llegada la navidad del 2006, después de un tiempo muy largo de no ir a la parroquia, se me vino a la cabeza el participar de la Misa de Noche Buena, al final de la celebración fui a la sacristía a saludar al Padre Paulino y en ese momento me hizo la propuesta de ir a conocer la vida del seminario y mi primera reacción fue decirle que lo pensaría. Desde ese día el Señor fue marcando mi historia…

Es así como un 19 de enero del 2007, (en vísperas de mi entrada a la experiencia vocacional) salí de mi casa pensativo y con dudas, no sabía si hablar con mi párroco, entonces toqué la puerta de la parroquia y dialogué con él por largo rato; no sabía cuándo tenía que ir, ni siquiera sabía que cosas llevar, al final de la conversación me dijo que la entrada era al día siguiente. Eran ya las 9 de la noche cuando terminamos de hablar, retorné a mi casa y le conté a mi familia; algunos estuvieron de acuerdo, otros no, pero era mi decisión.

Cogí mi mochila, en ella llené unas cuantas cosas y me acosté meditabundo pensando en la decisión que estaba tomando. Al día siguiente me desperté temprano para terminar de alistarme, a las 6:30 de la mañana salí rumbo a la casa parroquial junto con Elvis y Pepe (dos amigos de mi parroquia), nos fuimos al seminario donde comencé una nueva etapa en la historia de mi vida.

Desde entonces he pasado muchas dificultades, pero a la vez he tenido muchos momentos alegres; aprendiendo cosas nuevas, compartiendo nuevas experiencias con los hermanos a quienes conocí y que me hicieron sentir en familia, con los formadores que siempre estuvieron solícitos a escucharme.

La primera dificultad que tuve que afrontar fue el que yo no podía hablar con fluidez y me decía igual que Jeremías ¿Cómo podré hablar yo que soy un muchacho? ¿Qué cosas diré cuando salga de pastoral?, y al igual que Jeremías también yo sentí una gran paz y el temor fue desapareciendo, pues sentía que el Señor estaba a mi lado y ponía sus Palabras en mis labios.

Lo he dejado todo por amor al Señor Jesús y no me arrepiento, pues aquí lo he encontrado todo, he renunciado a formar una familia, para así amar a todos con un amor verdadero que procede del Señor (hay hombres que por amor al Reino han descartado la posibilidad de casarse (Mt 19; 11-12). El hombre sin casarse se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle. (1cor 7; 32-34).

Ya estoy casi cuatro años en el seminario y siento que mi vida va cambiando por la Gracia del Señor; siempre me encomiendo a la protección de su Santa Madre, porque Ella es también la Madre de todos los que dejan padre y madre por seguir las huellas de su Hijo, y la que me conducirá a su Hijo Sacerdote.

Ella, que fue la primera en escuchar y hacer vida Tu palabra, sea la que me lleve siempre a Ti, Señor.

 
© Todos los derechos reservados
Obispado de Huaraz