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El misterio de la Trinidad es la
fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia:
“un pueblo reunido por la unidad del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo”, llamada en
Cristo “como un sacramento, o signo e instrumento
de la intima unión con Dios y de la unidad de
todo el genero humano”. La comunión de
los fieles y de la Iglesias Particulares en el Pueblo
de Dios se sustenta en la comunión con la Trinidad.
La Iglesia es comunión en el amor. Esta es su
esencia y el signo por la cual está llamada a
ser reconocida como seguidora de Cristo y servidora
de la humanidad. El nuevo mandamiento es lo que une
a los discípulos entre si, reconociéndose
como hermanos y hermanas, obedientes al mismo Maestro,
miembros unidos a la misma cabeza y, por ello, llamados
a cuidarse los unos a los otros.
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